domingo, 31 de mayo de 2009

Libres de gluten

Dieta y el apoyo comprensivo del grupo familiar, los pilares de los cuidados que necesitan los celíacos.

La enfermedad celíaca es una condición permanente de intolerancia al gluten (la proteína del trigo y otros cereales), que produce atrofia de las vellosidades intestinales. No es exclusiva de los tiempos modernos, porque se la conocía ya desde la época de los griegos, que la llamaban “la enfermedad del vientre”. Por América tomó estado cuando el maíz fue dejando espacio al trigo y hoy se estima que hay un celíaco por cada 100 personas y que por cada persona con celiaquía hay 8-9 que también lo sufren y lo desconocen. La llaman también “la gran simuladora”, porque presenta tantos síntomas diversos –anemia, caída del cabello, diarrea, fatiga, infertilidad, osteoporosis, irritabilidad, constipación, aftas, caries, distención, desnutrición, baja talla en comparación con padres o hermanos, y hasta puede ser asintomática- que a menudo depende del buen ojo clínico detectar y orientar la investigación hacia el campo de la gastroenterología, la especialidad que se ocupa del tema.
Por otra parte, cuando hay un celíaco en la familia todo el grupo se ve comprometido puesto que las emociones, los sentimientos, juegan un rol esencial. Y la dieta es un pilar fundamental.
A partir de su propio andar (ambas tienen familiares celíacos), y para enfocarlo de un modo integral, María Teresa Ventura, docente y psicopedagoga, y Teresita María Sosa Laprida, psicóloga crearon Espacio Libre de Gluten, que ofrece talleres para niños, adolescentes y adultos, donde se comparten juegos, información y ricas recetas.
-¿Quiénes son más obedientes a la hora de seguir la dieta?
Los niños. En el espacio lúdico que creamos, ellos escuchan y respetan las indicaciones porque desde pequeños se les enseña a elegir y comer lo que les está permitido, pero a medida que entran en la adolescencia surge la rebeldía. A los adolescentes les cuesta bastante la asistencia, se niegan a expresar lo que les pasa, son más autónomos, salen con amigos con el típico programa de pizza y cerveza y la situación se complica. Lo importante es prepararlos para la vida social y para que aprendan a decir sí o no desde una actitud responsable. Los padres o los adultos, ya sean ellos celíacos o tengan hijos con la enfermedad, son otro tema. Y el más difícil.


¿Por qué?
- Si son padres, tienen una gran demanda, se angustian, están ávidos de información, se sienten culpables. Si ambos padecen el problema, los adultos se ocupan más de los chicos y se olvidan de lo propio. Si la enfermedad es sólo del adulto, se olvida de cumplirla, es trasgresor, permisivo e inconstante. El único tratamiento por el momento es la dieta libre de gluten, estricta y para siempre. La dieta cura la celiaquía.

-¿Y qué reclaman?
Más compromiso de las autoridades, de las empresas, de los controles bromatológicos, de los espacios para comer que ofrecen alimentos sin gluten, de las dietéticas. Fíjese: estoy comiendo una galleta de arroz tostada, y con grandes dudas, porque seguramente se tostó en el mismo artefacto donde calientan el pan, y los celíacos no podemos ingerir ni un gramo de cualquiera de los cuatro cereales prohibidos (trigo, avena, cebada y centeno).
También que las harinas permitidas lleguen a precios accesibles, que las etiquetas digan claramente “Sin gluten”, como en Brasil,, y sin trampas: que la ley del celíaco se promulgue y que se sigan sumando empresas que garanticen no incluir harinas prohibidas en mermeladas, salsas, golosinas, fiambres y quesos.

Fuente: Revista La Nación del domingo 24 de mayo de 2009

1 comentario:

viviana haydee ventre dijo...

por lo general los fines de semana asisto a un club privado, hable con la consesionaria, y tu supieras como me miro, cuando le exige que debe tener alimentos sin gluten, le di ideas, le hable de proveedores, son tan brutos!!!!